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jueves, 16 de octubre de 2014

EL MASON DE BOTON

El ingreso a la Masonería no garantiza al ser humano las bondades de la Orden. Esta hermandad universal requiere de esfuerzos y deberes que el común de los mortales no estaría dispuesto a asumirlo. Digo asumirlo, porque particularmente considero que la Masonería es una actitud ante la vida, más allá de gran sabiduría teórica, los grandilocuentes discursos y las pomposas reuniones.

Los masones zánganos, mediocres, que no practican lo que sostienen, son la destrucción y muerte de la Fraternidad. Estos son hombres que logran ser admitidos en una logia y entonces dedican sus actividades masónicas a extender su acción en elaborar un emblema o botón de solapa. Estos hombres se encuentran en todas las comunidades, también entre los masones.

Hacen uso de la Orden para satisfacer y fomentar sus propias miras y ambiciones. Son los hombres que declaran y manifiestan que creen en sus obligaciones, pero no hacen nada para vivirlas, sino quedan en el discurso, las intensiones, siendo aquellas cuya doctrina no se hace extensiva a su bolsillo, para la ayuda del hermano necesitado, sino que principia y termina en su alfiler masónico, en su dije de reloj o anillo.

El placer hermoso de ayudar a un hermano digno es un aspero y escabroso camino, pero es también un placer desconocido para ellos. Nunca han experimentado esa emoción, una de las más raras, el vivenciar el placer que proviene del conocimiento de que un ser ha sido ennoblecido, dulcificado y que se ha contribuido a su felicidad proveyendo una ayuda oportuna.
Sus desembolsos para los proyectos juiciosos entre sus asociados más ricos pueden, eventualmente, hacerlo alcanzar una posición elevada en alguno de los grados que la Masonería asigna como requisito previo para poder formar parte de ellos, pero aquel honor alcanzado una vez se tornará meramente en frutos del mar muerto.

Esto es necesariamente una consecuencia natural, porque está de acuerdo con la ley inmutable de la vida, de que aquellos que son falsos con quien deposita su confianza, deberán sufrir el castigo. Y el masón de botón emblemático es falso a sus obligaciones masónicas, es falso también con todo aquello que es mejor, lo más elevado y sincero en la vida.

Tengan cuidado cuando se encuentren con este tipo de "iniciados", pues sus joyas podrían deslumbrarlos, pero no iluminarlos.

© Christian Gadea Saguier
http://losarquitectos.blogspot.com.es/

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