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martes, 16 de diciembre de 2014

SER MASÓN EN NUESTROS DÍAS

¿Qué mueve a un hombre, suponemos que libre y de buenas costumbres, a dar el paso de unirse a la Masonería?

He ahí la clave de lo que luego será la percepción que la sociedad tenga de la Masonería… Pero vayamos por orden. Para ello es necesario comenzar por definir a la Masonería ¡Que no es una ONG! ¡Ni la correa de transmisión de ideas políticas, sean cuales estas fueren¡ ¡Ni una asociación de ayudas mutuas! ¡Ni un sustitutivo de la religión! ¡Y, en ningún caso, un lobby! ¡La Masonería, QQ.’. HH.’., es una Orden Iniciática, Esotérica, Elitista y Caballeresca! Como Orden Iniciática reúne una serie de características, tanto por lo que se refiere a su organización, como por lo que respecta a la admisión de nuevos masones, al acceso de estos a la formación y a la graduación y sistema de comunicación por el que los masones llegan a adquirir, única y exclusivamente a través de su trabajo personal, los conocimientos que la Masonería pone a disposición de los que dan realmente el paso que separa al profano del auténtico iniciado. Como Orden Esotérica la Masonería ha conservado y pone a disposición de los masones que realmente lo son, los fundamentos de la Tradición Primordial que nos llega desde los antiguos Misterios.

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Como Orden Elitista la Masonería pretende recibir en su seno y formar como masones a aquellos que procuran vivir de acuerdo con valores espirituales, éticos y morales que les convierten en auténticas elites sobre las que descansa el futuro de la humanidad, en un mundo en el que lo que prima son los valores terrenales, fundamentados sobre el materialismo y el poder. Aun en la esperanza de que no sea necesario, puntualizaré que para la Masonería, el concepto elitismo no guarda relación alguna con la estirpe familiar ni con nada ligado al mundo de lo físico.

Como Orden Caballeresca, la Masonería entiende y trabaja, a través de la acción individual de los auténticos masones, por la consecución de un mundo finalmente liberado de poderes fácticos, definitivamente de espaldas a cuantos pretenden imponer dogmas y creencias, libre de todo tipo de demagogos, dictadores y dictaduras. Un mundo en el que el servicio a la causa de la humanidad, sea la guía que oriente la vida de los hombres. Ideal y fin de la Masonería por el que trabajan los auténticos masones sin esperar ni recibir más recompensa que la satisfacción del deber cumplido, al entender que cada uno de nosotros no es sino un simple eslabón en la evolución de la humanidad. Un eslabón de la larga cadena que nos une con aquellos iniciados que hace muchos siglos comenzaron el largo camino, y con los que en un lejano futuro alcanzarán la meta. ¿Qué mueve a un hombre, suponemos que libre y de buenas costumbres, a dar el paso de unirse a la Masonería? Los enemigos de la Masonería, temerosos de que la verdad acabe con el poder que obtienen y mantienen a través de la explotación de la ignorancia y la superstición, por mediación de campañas de desinformación sobre el ser, fines y principios de la Masonería, unidas a las de calumnias, difamación e injurias sobre la Masonería y los propios masones, difundidas y mantenidas durante siglos a través de los poderosos medios que controlan, han hecho que nuestra Orden aparezca ante el mundo como una estructura oculta que mueve los hilos de la historia.

Falacias con las que desde hace siglos se bombardea a diario a las almas cándidas, han acercado a la Masonería a todo tipo aventureros que llegan buscando ese poder material que achacan a nuestra Orden quienes realmente lo detentan. Está claro que a cuantos se hacen iniciar así motivados, no les mueve la Masonería ni sus ideales, sino las propias ambiciones personales y profanas. Son los que pretenden convertir a la Masonería en el soporte de sus carreras políticas, de sus negocios, de sus ambiciones materialistas. Son, también, los que dan autoridad a las campañas de desinformación, a las calumnias, a la difamación a la que está permanentemente sometida la Masonería y, con ella, los masones. Pero no siempre son malvados amorales los que dañan a la Masonería, los que retrasan el avance ético, espiritual y moral de los masones.

Llegan con frecuencia a nuestras puertas, y desgraciadamente las franquean, profanos con una idea equivocada de la Masonería; son los que la creen una ONG, un sustituto de la religión, una simple vía para practicar la caridad, un sitio donde hacer amigos, un divertimento, una excusa para salir de casa, la alternativa al sillón del psiquiatra, etcétera.

Por lo general no son malas gentes, no buscan medrar, simplemente portan sus errores y pretenden cambiar a la Masonería para adaptarla a sus ideas preconcebidas, transformándose con ello en uno de los más graves canceres que padecemos. ¿Entendéis ahora, mis QQ.’. HH.’., por qué distingo y me refiero repetidamente a los masones que realmente lo son? Ser masón en nuestros días comporta una actitud ante la vida que convierte en auténtica élite al que ha recibido los benéficos de la iniciación masónica. Élites, no lo olvidemos, son todos aquellos que en un mundo donde reina la materia, la envidia, el interés personal y el rencor, dedican al menos una parte de sus vidas a formarse, a evolucionar espiritual, ética y moralmente, y lo hacen desprovistos de ambiciones bastardas. Élites son todos aquellos que dedican una parte de sí mismos a los demás, sin esperar otra recompensa que la satisfacción de su propia evolución y la de haber obrado bien; sabiendo, y actuando en consecuencia, que obrar bien no es solo no hacer directamente el mal, sino no permitir, por acción u omisión, que alrededor de uno mismo se obre mal, o lo que es lo mismo, no admitir que impunemente se obre contra las leyes, contra la moral, contra los derechos de los demás, contra el orden legítimamente establecido, contra los principios que defendemos.

Ser masón en nuestros días es asumir que tras la iniciación masónica se abre una vía al conocimiento, un camino hacia la luz que en la ceremonia de la Iniciación pedimos para el iniciando los que pocos minutos después seremos sus HH.’.. Una vía, un camino, que no es fácil de recorrer. Cuando al final de la dicha ceremonia nos ordenan que cincel y mazo en mano golpeemos por tres veces en la piedra bruta situada a los pies de la columna B, nos están indicando el que a partir de ese día habrá de ser el trabajo al que dediquemos en adelante nuestras vidas ¡Trabajar en nosotros mismos hasta suprimir cada imperfección! La meta del masón es convertir la piedra bruta que es él mismo al llegar desde el mundo profano, en el sillar perfectamente escuadrado y pulido que, de lograrlo, se inserirá en el Templo que la Masonería pretende construir para la Humanidad.

Ser masón en nuestros días es no pretender modernizar la Masonería, ni adaptarla a nuestras propias ideas; por el contrario, el auténtico masón se conforma a las leyes de la Orden, a sus tradiciones, a sus usos y costumbres. Ser masón en nuestros días es no ambicionar grados, ni títulos, ni oficios, ni honores. El masón que lo es realmente cumple con su trabajo y si sus HH.’. consideran que debe ser admitido en una Cámara en la que sus obligaciones serán otras, asume con humildad las nuevas responsabilidades que adquirirá en el desarrollo de la Obra.

Ser masón en nuestros días significa que si a un masón, que lo sea de verdad, sus HH.’. le eligen para desempeñar algún oficio determinado, antes de aceptarlo medita muy bien si está formado para desempeñarlo en beneficio del Taller y de la Obra; si se considera preparado y dispuesto, se conforma a la voluntad de sus HH.’.; y si no lo está o no dispone de tiempo para cumplir con las obligaciones que el oficio comporta, renuncia, pues cualquier función que se realiza en Logia, cualquier oficio que se desempeña, forma Ser masón en nuestros días es no odiar al mal masón, procurando corregirle fraternalmente, más estando siempre atento a que el mal ejemplo no influya en los HH.’. más jóvenes. Al autentico masón no le tiembla el pulso ni le flojea en ánimo cuando hay que apartar a los que entraron en la Masonería pero la Masonería no ha entrado en ellos. No lo duda cuando hay que cerrar las puertas del Templo a los que trasladan sus ambiciones, soberbia y vicios al ámbito de la Logia, contaminándola así con el mundo profano.


 R.’. H.’. Miguel Angel de Foruria y Franco, M.’. M.’.

http://www.diariomasonico.com/planchas/ser-mason

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